Como lo relata Vernon Walters, en sus recuerdos de su actividad diplomática, oficial o no, a lo largo de los años 60 y 70, la cuestión del porvenir de España, tras la muerte de Franco, fue un tema que no dejó de tener importancia en Washington. Y otro tanto se produjo, aunque a menudo por razones distintas, en las capitales europeas occidentales o en Moscú. Una importancia que, según algunos autores, llegó a traducirse en cierto grado de intervencionismo, por no decir de planificación, favoreciendo la emergencia o la consolidación de determinadas fuerzas políticas en detrimento de otras, en aras de la garantía de una total ausencia de preocupantes sobresaltos durante el proceso democratizador. Una democratización que, de Washington a París, pasando por Bonn y Londres, era en definitiva el punto común del interés demostrado por España. Ahondar en la mirada que, desde el extranjero, se ponía sobre la España del tardofranquismo y de la Transición, invita a plantearse cómo se produjo la doble transición, interior y exterior, de España y con qué efectos. Entre 1969 y 1982, periodo objeto de estudio de las diferentes aportaciones presentadas en este libro, España pasó de rentabilizar el “Spain is different” fraguiano, como medio a la vez de justificación y de aceptación internacionales del Régimen, desde una singularidad reivindicada, a buscar y obtener dejar de ser la excepción —más o menos exótica, pero también más o menos molesta— dentro del bloque occidental.